201501.02
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Corte (desde hoy con cuatro) se alista para un verano tenso

PUJAS SUBTERRÁNEAS PROMETEN EMOCIONES EN FERIA ESTIVAL. LA PROFECÍA NO CUMPLIDA. SEÑALES

CorteDesde hoy la Corte Suprema de Justicia tendrá cuatro ministros y una vacante difícil de remontar. La salida de Eugenio Zaffaroni coincide con un momento de alta tensión con el Gobierno, panorama que quedó en evidencia en el acuerdo del pasado martes. Las expresiones afables por la salida del justice convivieron con pronósticos drásticos y la señal de que el verano traerá nuevos desafíos, especialmente si se considera que -según la óptica cortesana- el kirchnerismo puro se ha embarcado en la labor de limitar el protagonismo de Ricardo Lorenzetti en el máximo tribunal.

Los escenarios que se manejan en el Palacio de Tribunales adquieren realismo ante la posibilidad de un verano con actividad legislativa. Los ministros conocen las conversaciones que acontecen en el bloque oficialista y que van desde limitar los recursos económicos del tribunal (o aplicarles mayores controles) hasta modificar el número de integrantes de la Corte, para lo cual no se precisa de mayorías extraordinarias. Anotaron, recientemente, que el senador Miguel Pichetto se ha pronunciado en tertulias reservadas a favor de una Corte de nueve o de once miembros.

La pelea actual está revestida de una mayor complejidad porque, a diferencia de 2013, ahora el Consejo de la Magistratura es un terreno menos hostil para el kirchnerismo y la Procuración General de Alejandra Gils Carbó ha adquirido mayor impulso a partir de la reforma que propicia más poder para los fiscales.

En el primer plano los ministros están atentos a la posibilidad de que el oficialismo incremente su aritmética actual (que no basta por sí sola para nombrar y remover jueces). No ha pasado inadvertida la decisión del Ministerio de Justicia de retornarle al Colegio Público de Abogados de la Capital el control del Registro de la Reincidencia que le fue retirado en plena disputa con ese ente en el cual se referencia la consejera Adriana Donato, que hasta el momento ha votado contra las propuestas del kirchnerismo en los plenarios de la Magistratura.

Por otra parte, la reforma procesal penal tiene pendiente la integración de una Comisión Bicameral del Congreso a la cual rehúyen aquellos legisladores que deben presentarse a reelegir en sus distritos donde los jueces federales con competencia electoral son casi gerentes de los procesos electorales. Varios de esos magistrados son cercanos a la Corte (donde se asignan los recursos las secretaría electorales) y algunos de ellos tienen competencia original en materia penal y rechazan ceder influencia ante los fiscales. María Servini de Cubría es un caso paradigmático, lo cual se constata a partir de su presencia en reuniones reservadas con otros magistrados que exhiben el disgusto que luego se traduce en resoluciones incómodas para integrantes del Gobierno y allegados.

Estos caminos tienen una complejidad mayor en la disputa con Lorenzetti que la siempre fogoneada -y nunca cumplida afirmación de que el justice dejará el tribunal para desembarcar en la política. Ésa en realidad es la profecía que el Gobierno más quisiera que su cumpla, pero que no sucederá ni ahora ni en el mediano plazo. Sería una solución ideal porque Lorenzetti dejaría la Corte, arriesgaría su imagen a las artes oscuras de la política agonal y, de paso, la presidencia del tribunal quedaría para Elena Highton de Nolasco quizás la más afín de los ministros al ideario kirchnerista aunque nadie olvide su buena relación con el exjefe de Gabinete Alberto Fernández, que hoy reporta en el kirchnerismo disidente y que fue el artífice de su llegada a la Corte.

El estado de la relación del tándem Lorenzetti-Highton será uno de los aspectos más observados durante 2015 porque si bien hay coincidencia en los asuntos más generales (incluso comparten colaboradores en la cotidianidad de sus vocalías), las causas que involucran las arcas del Estado asoman como un elemento de disidencias tal como se ha evidenciado en los cónclaves de las últimas semanas.

El kirchnerismo entiende que la respuesta final a los embates que le propicia el fuero federal desde hace 45 días tiene dos alternativas posibles: acelerar al máximo la implementación de la reforma procesal y, en paralelo, ampliar la Corte. En el Gobierno ha ganado hándicap la tesis de que la segunda ofrece utilidades rutilantes como lograr acuerdos con la oposición en el Senado para cubrir las vacantes. Esto además envalentona a la cantidad infinita de autoaspirantes y anotados que se posicionan desde la política, el empresariado, el sindicalismo y -inevitablemente- desde la jerarquía de la Iglesia Católica.

Sin embargo, Carlos Zannini también ha deslizado en los últimos días la hipótesis de una ampliación que no requiera necesariamente la cobertura de las vacantes. De estirarse la composición a nueve, por ejemplo, se requerirían cinco votos para alcanzar la mayoría por lo cual la Corte se vería obligada constantemente a convocar camaristas de origen e ideas distintas para tratar los asuntos más rutilantes, giro que haría engorrosa la gestión que Lorenzetti busca proyectar.

Más allá de esas ingenierías, el Gobierno tiene desde hoy treinta días hábiles para proponer su candidato al Congreso para suplir a Zaffaroni. El nombre está lejos de definirse porque antes de eso viene la estrategia política que sitúa al oficialismo entre nominar a un jurista afín ideológicamente (con nulas chances de éxito en la búsqueda de las 48 voluntades requeridas) o dar rienda suelta a la creatividad más pragmática y elegir un nombre que no sea del todo tóxico para los senadores radicales y que este partido incorpore un nuevo issue para sus enredos habituales que, se espera, se potencien con las definiciones electorales de marzo. Esa determinación todavía tiene final abierto, aunque la primera quincena de este mes arrojará mayores precisiones desde Olivos.

Fuente: texto publicado por Ambito.com (02/01/2015)