201507.01
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Lo cargaron durante años por su nombre, pidió cambiarlo y la Justicia avaló su pedido

Sus padres le pusieron Napoleón en homenaje al emperador francés. Pero vivía en un pueblo salteño, por lo que sufría burlas por parte de sus compañeros de escuela y vecinos, por este motivo, para el juez, había justos motivos para avalar la modificación.

nombreAl enterarse de que van a ser padres, la mayoría de las personas suele preocuparse y pensar mucho tiempo sobre el nombre que le van a poner a sus hijos. A veces, lo eligen basándose en algún familiar o famoso a quien admiran o desean homenajear.

Pero a veces eso no es una buena idea porque pueden ser objeto de burlas por parte de sus vecinos y compañeros de escuela en su niñez. Y ello será muy difícil de cambiar.

Sucede que, una vez inscripto, el menor posee una identidad, que trasciende a la vida en relación. Por eso, el nombre es una institución que tiende a proteger tanto los derechos individuales como los que la sociedad tiene para identificar a las personas.

Los jueces suelen ser muy restrictivos a la hora de avalar un cambio de nombre por parte de una persona. Son muy pocos los pedidos que prosperan. Esto puede cambiar, ya que en varias provincias del país y en la Ciudad de Buenos Aires, los registros ya no exigen un trámite especial para aceptar nombres fuera de lo común.

Así, los padres ya pueden elegir el nombre de su preferencia para sus hijos. La única limitación es que no “lesione el honor” del bebé ni resulte ofensivo.

Hasta hace poco tiempo estuvo vigente una lista oficial que llegó casi a las 10.000 opciones y, si no estaba, debían pedir una autorización especial. Los expertos consideran que en los próximos años estos pedidos de modificación aumentarán.

Un juez salteño avaló hace unos días el pedido de cambio de nombre de un joven, a quien sus padres lo habían llamado Napoleón, porque vivía en un pueblo pequeño y, a pesar de que habían pasado muchos años, era objeto constante de burlas por parte de la comunidad.

Le daba vergüenza

Un joven interpuso una acción sumarísima de cambio de nombre, peticionando que es su intención cambiar su segundo prenombre Napoleón por el de “Giovanni”.

Afirmó que desde niño vivió acomplejado por su segundo nombre ya que siempre fue objeto de burlas de sus compañeros de la infancia, lo que le llevó a ocultarlo. Asimismo, indicó que sus padres están completamente de acuerdo con el pedido.

De acuerdo al informe social y a los testigos, el joven sufría el sentimiento de vergüenza por llevar el nombre “Napoleón”, al punto de condicionarlo para comenzar la etapa de sus estudios a nivel secundario. Según la solicitud, hasta sus profesores se le reían.

La asistente social puso de resalto la perseverancia y cierta obstinación de concretar el anhelo de quitarse ese nombre.

El juez explicó que el artículo 16 de la Ley 18.248 establece que después de asentados en la partida de nacimiento el nombre y apellido, no podrán ser cambiados ni modificados sino por resolución judicial cuando mediaren justos motivos.

“La apreciación de la existencia de los justos motivos debe hacerse con criterio restrictivo y el cambio sólo puede otorgarse por causas serias y graves, quedando descartadas las razones frívolas e intrascendentes, la mera disconformidad o la ausencia de generalización del prenombre: el interés del peticionante debe tener una relevancia suficiente como para primar sobre las razones de interés público que dan fundamento a la regla de inmutabilidad”, sostuvo el magistrado.

En ese aspecto, el juez explicó que “Napoleón es un nombre de indudable connotación histórica, refiere a un estadista francés del siglo XVIII, famoso por sus batallas, que entre sus méritos más destacables en la actualidad puede señalarse el haber inspirado la codificación de nuestro Código Civil. Para los ciudadanos franceses puede significar un honor el llevar ese nombre. Pero para alguno de nosotros, no”.

En este caso, el magistrado tuvo en cuenta que el solicitante es de un pueblo salteño llamado Santa Victoria Oeste, “con su propia idioscincracia, con la sencillez propia de la vida rural, de pastoreo”.

“Si bien sus padres habrían querido homenajear a su hijo con dicho nombre, trasladado a nuestro ámbito, no se descarta que el mismo pueda ser objeto de burlas y de discriminación”, destacó el juez, quien remarcó que “no debe analizarse el pedido esta acción desde nuestras propias creencias sino desde la perspectiva de quien lo vive día a día, de sus padecimientos, de su vergüenza”.

De esta forma, avaló el pedido de cambio de nombre por “justos motivos” (…)

Fuente: texto e ilustración publicados por IProfesional.com (1/7/2015)

Seleccionado por Editorial Erreius